La Formación Adecuada a la Configuración de un Nuevo Humanismo – Parte II

 

Conferencia de Alfonso López Quintás en la FEUSP
lquintas@filos.ucm.es

 

(Conferencia, en dos partes, en la asignatura Filosofía de la Educación II de la Faculdade de Educação da Universidade de São Paulo, el 26-11-99, para los alumnos del segundo año de Ciencias de la Educación y para numerosos profesores y doctorandos de la FEUSP y de otras universidades de São Paulo. Mantuvimos el tono coloquial y las formulaciones -por veces repetidas o semejantes al portugués- empleadas por el conferencista- Edición: Ana Lúcia Carvalho Fujikura).

 

El Dr. López Quintás es catedrático de filosofía en la Univ. Complutense de Madrid y por encargo del Ministerio de la Educación dirige un curso de Ética en el site: http://cerezo.pntic.mec.es/~alopez84/. Otras colaboraciones del autor en nuestro site: A Filosofia da Educação e a Reforma Curricular; El Modo Óptimo de Realizar la LOGSE -PCNs).

Miren, yo pienso que para hacer una buena teoría del hombre, para decir ideas que sean fecundas, hay que basarse en algo que sea muy serio. No valen las ocurrencias. A mí se me pueden ocurrir muchas ideas geniales, pero también ideas que no valen nada – lo más posible lo segundo (risas). Yo, sobre una ocurrencia mía, no puedo basar mi vida... Hay personas que dicen: "yo opino así de algo así...". Bueno, allá usted. Pero lo que usted opina a lo mejor no es sólido, no está bien fundamentado. Usted va a montar su vida sobre algo que puede ser que no sea sólido, que no sea firme. Yo no me monto en un avión si el piloto no sabe bien conducir y si la compañía no tiene buenos aviones, porque las consecuencias pueden ser muy graves. Esto pasa en la circulación pero ¿y en la vida ética? En la vida ética nos dejamos llevar muchas veces por nuestras ideas, más o menos superficiales, o por las ideas de personas que no saben nada de esto, pero que tienen la posibilidad de hablar con un micrófono todos los días, aparecer en la televisión, escribir etc. etc...

Miren, yo os voy a decir una cosa: uno de los grandes males de la situación actual es el intrusismo: meterse a hablar de lo que uno no sabe. Por ejemplo, si yo me pongo a hablar en la tele de un tema que no conozco bien, yo me expongo, al decir juicios, a desorientar al público... Yo me niego siempre... A veces me dicen: "Alfonso, venga hablar de esto, venga hablar en la televisión que tenemos aquí un debate." E yo pregunto: "¿de qué?" "¿Hombre, que más da? ¡Tú vienes y dices lo que quieras!". Y digo: "¡no!" Decir lo que quiera puede ser intrusismo, puede ser una intromisión... porque si yo digo opiniones que no están bien fundadas puedo hacer daño al público, lo puedo desorientar. Y yo no puedo hacerlo. Ahora, si es un tema que yo conozco, que conozco bien, no de cualquier manera, entonces voy, me siento con libertad para hablar.

Miren que importante es esto: yo siento que tengo libertad para hablar – libertad interior. A mí me dicen: pero la libertad te la damos nosotros. Y digo: no me interesa la libertad que me dan, me interesa la libertad que yo tengo. Miren, para hablar en público de temas importantes hay que comprarlo, comprar ese derecho. Y entonces es cuando yo me puedo dar libertad a mi mismo, si no, no me la doy. ¿Por qué? Porque se puede hacer mucho daño.

Bien, entonces yo diría: tenemos que acudir no a nuestras ideas superficiales, sino a lo que dice, por ejemplo, la investigación científica, la investigación ética, la investigación antropológica, la investigación de la teoría de la creatividad ¿no es verdad? Porque, miren, la investigación no es sólo propia de una persona, de otra, de un país, de otro... la investigación, como saben ustedes, hoy hay un intercambio en todo el mundo y tienen los métodos... son rigorosos... entre todos se van corrigiendo los defectos, se van progresando, es algo muy serio en la investigación. Si ustedes dicen, por ejemplo, lo mejor de la investigación ética actual, si ustedes ven como se está estudiando en todo el mundo, eso merece respecto, porque, claro, son muchas personas, grupos sociales... Lo mejor de la investigación biológica merece respecto. Yo le pregunto: ¿qué es lo que dice, por ejemplo, la investigación biológica más cualificada en la actualidad? Hay como un consenso en todo el mundo para decir lo siguiente: el ser humano – usted y yo – es un ser de encuentro. Vive como persona, se desarrolla, se perfecciona, creando encuentros.

¿Cuál es el primero encuentro del bebé, cuando nace, con el entorno? Es el encuentro con la madre. Inmediatamente con el padre, con hermanos si tiene. Encuentro con el hogar. Hoy dicen los biólogos a las madres: que, a ser posible, las madres deben amamantar a sus niños, a sus bebés, porque amamantar a un niño, darle de mamar, no es sólo darle alimento, es mucho más: es acogerlo. Lo que más necesita un niño cuando nace es verse acogido, verse querido. Y verse en un entorno en el que haya amor. No basta que el padre ame al niño y la madre le ame y ellos, entre ellos, se estén arrancando los ojos... sino que ellos tienen que quererse y los hermanos entre sí... crear un espacio de amor. Y es en ese espacio de amor donde crece de verdad el niño, porque hay encuentro.

Lo mismo podemos decir de una escuela, una escuela primaria, una escuela secundaria, incluso la universidad. Si hay un ámbito de encuentro, es un ámbito de formación; si no lo hay, puede ser un ámbito de información, pero no de formación. Si unos profesores están contra otros y todos contra la dirección, los administrativos contra unos y otros... esto es un campo de lucha, no es un campo formativo. Debe ser un campo de encuentro.

Pues bien, los mismos biólogos le dicen a las madres: a ser posible, cuidar vosotras y los padres y los hijos, abuelos, hermanos, cuidar a los niños. ¿Por qué sólo dicen a los familiares? Porque se supone que los familiares aman incondicionalmente a los niños, al bebé que nace. Lo que más necesita el niño es verse amado. Hoy se le da cada día, como ustedes saben, mucha importancia a esto: el verse amado, pero naturalmente al niño también se le dice que él tiene que amar para que haya un intercambio. Fijénse ustedes, cuidar al niño, por ejemplo, asearlo, lavarlo... esto lo puede hacer una persona asalariada ¿no es verdad? Puede tomar al niño, meterle en el baño, pulirlo, requetepulirlo y dejarle hecho un rasco, pero yo me pregunto: ¿y si lo hace sin amor? Hoy te dicen los biólogos (los biólogos! ¡No solo los pedagogos, los pediatras...!), ya los biólogos te dicen: si la persona que cuida al niño lo hace sin amor, ese niño tiene gran peligro de desarrollarse anormalmente. Y muchos brotes de violencia que despezan la juventud se ve que desgracian la vida de los jóvenes y de las familias proceden de la falta de cariño de los primeros años.

Y hoy se están haciendo estudios muy serios, por ejemplo, en Estados Unidos, y también en mí país, y supongo que aquí también, claro, sobre el fracaso escolar. Muchos, muchos niños y niñas dejan la escuela porque fracasan, no son capaces de seguir los estudios y ahora se están haciendo estudios y se ve que esos niños y esas niñas están demasiado solos en sus casas, no tienen cariño. Los famosos niños de la llave en el pecho, la llave de la casa.

Yo, cuando fui a estudiar a Alemania hace años, iba a trabajar en una escuela y veía que todos los niños pequeños tenían una llave, una llave de esas pequeñas, así como si fuera una cadena, colgada al pecho. Y yo decía: "¿y tú para qué tienes esa llave?" "Ah, porque cuando terminamos aquí, al mediodía, voy a casa, abro la puerta, estoy sólo ahí porque no están mis padres, se veo alguna comida por ahí que me dejan, me la como y me vengo a la escuela otra vez. Y por la tarde o a las seis de la tarde, hago lo mismo: voy con mi llave y entro. Y se encuentro algo por ahí, ceno". "¿Y tus padres?" "No, no están. Vienen por la noche. Yo a veces ni los veo, me acuesto y no los veo."

Bueno, estos niños de la llave en el pecho son niños que carecen de ternura – no porque los padres no les quieran o les amen, sino porque no están con ellos. El niño necesita acogimiento.

Bien, entonces, si esto es así ¿cuál es la llave para fundamentar bien nuestra vida y por tanto para crear este hombre nuevo? Un hombre que no vuelva a fracasar en otra guerra mundial, un hombre de una nueva época. ¿Cuál es la llave? Yo creo que, según la investigación actual, la llave es la comprensión del encuentro, comprender bien el encuentro, a fondo. Porque, miren, lo importante de la educación no es decir conceptos, sino decirlos de tal manera que el niño y el joven los comprendan por dentro, no los aprendan desde fuera porque se lo dicen, sino comprendan de tal manera que ellos digan: "ah, pues sí... ah, lo veo yo... esto es así", y para esto hay que saber decirlo de tal manera que no les suene algo extraño, sino que lo vayan captando por dentro... y es entonces cuando se entusiasman con los valores que tienen en todo esto.

Vamos hacer -dentro del poco tiempo que tenemos- un esfuerzo de comprender lo que es el encuentro. Miren, permítanme, entre paréntesis, una anécdota. Escribí un libro muy grande sobre el arte de pensar con rigor, y de vivir creativamente, y empezaba por el encuentro, porque yo, con la ciencia en la mano, decía: la biología dice que el hombre es un ser de encuentro, empecemos el libro – porque era un libro para explicar el proceso de formación, el proceso de crecimiento, de desarrollo –, y yo decía: está claro, el comienzo es el encuentro.

Pero poco antes de mandarlo a la imprenta, yo tomé el libro, e intenté leerlo con distancia, como si yo fuera un lector, y yo me pregunté, hice el esfuerzo de ver, si con lo que yo decía en el primer capítulo, podría comprender por dentro lo que es el encuentro. Y me di cuenta de que no. Entonces añadí seis capítulos, antes de este... y ahora el libro, pueden ver ustedes, que el capítulo séptimo es el capítulo del encuentro.

¿Y qué dice antes del capítulo siete? Tuve que añadir un capítulo sobre un término, un concepto de filosofía que yo tuve que añadir porque no lo veo por ahí en los libros y veo que es absolutamente necesario para hacer una teoría de la educación, una teoría de lo que es el hombre. Ese concepto, yo les confieso que hoy no sé dar ni un pasito, ni en filosofía teórica, ni en filosofía aplicada, filosofía de la educación, por ejemplo, ni en filosofía del arte, sin ese concepto. Ese concepto es el concepto de ámbito, en alemán dicen Raum. ¿Qué significa esto? Yo veo que hay muchos autores que escriben, escriben, escriben y todo queda muchas veces poco claro y yo, a veces, digo: ¡Qué lástima!... si introdujeran la categoría de ámbito quedaría mucho más claro.

Miren, este objeto, este bolígrafo... se le puede delimitar, yo sé que va desde aquí hasta aquí, esto es lo que abarca, yo lo puedo agarrar con la mano, yo lo puedo pesar – pesa tantos gramos –, yo lo puedo situar aquí, aquí o aquí, lo puedo manejar, puedo hacer con él lo que quiera ¿no es verdad?

Ora, yo estoy viendo a ustedes: a la inmensa mayoría no los conozco... A usted, por ejemplo, con una cinta métrica, yo puedo medir, lo que abarca de alto y de ancho ¿no es verdad? Voy con las manos así, le toco a los hombros y digo: "esto abarca fulanito de tal, esta señora abarca esto." Usted me podría decir, con toda razón, en cuanto al cuerpo, sí – mí cuerpo empieza aquí y termina aquí –, pero mí persona, no. Usted abarca cierto campo, en el aspecto afectivo, usted ama personas, ellos le aman a usted; en el aspecto estético, usted cultiva, a lo mejor toca algún instrumento ¿qué sé yo?; en el aspecto profesional, en el aspecto ético, en el aspecto religioso – si tiene usted creencias –... abren ustedes un campo enorme. Es decir, cada uno de ustedes, no abarca lo que yo estoy viendo ahora, sé que abarca mucho más. Cada uno de ustedes es un nudo de relaciones, como decía Saint-Exupéry. Y esto inspira un inmenso respeto por las personas.

Yo, cuando empiezo un curso y veo los chicos delante de mí, yo pienso: este joven que veo ahí o esta joven es mucho más de lo que estoy viendo... Yo, en él, veo: a sus padres, que están deseando que estudie, a lo mejor, la novia, el novio, los hermanos... veo sus proyectos de futuro, veo sus recuerdos de pasado – cada uno tiene porque tiene una historia –, veo tantas y tantas realidades, por supuesto el talento que tiene, el afecto... Cada persona es un nudo. Entonces, fijénse, usted no es como el bolígrafo, que empieza aquí y termina aquí. Usted es como un campo de realidad, podríamos decir, un ámbito de realidad o, sencillamente, un ámbito.

Un ámbito es como un campo. Los ojos no lo ven, pero la mente, sí. Yo, con la mente, veo... con la imaginación, veo que usted es mucho más de lo que parece. Pero esto no sólo con las personas sino con muchas realidades que no son personas, pero tampoco son objetos como el bolígrafo. Por ejemplo, un piano. Yo veo un piano. Como mueble es igual que esta mesa ¿no es verdad? Un objeto como esta mesa, pero como instrumento ¿qué tipo de realidad tiene? Esto hay que estudiarlo – y muchos autores no lo estudian y eso es una pena porque entonces no se puede hacer una teoría realmente seria de lo que es la realidad. Un piano, como instrumento, me ofrece posibilidades de sonar. Figúrense que yo soy pianista: yo le ofrezco al piano posibilidades de crear formas musicales en el teclado. Figúrense que luego tenemos una partitura: una partitura en cuanto montón de papel es un objeto – como este bolígrafo: se le puede delimitar, pesar etc., pero en cuanto partitura, en cuanto papel, que me ofrece posibilidades de crear una nueva obra, la partitura no es un objeto, es más que el objeto. Pero tampoco es un sujeto, sujeto es el compositor. Es una realidad intermedia. Hay autores que se vuelven locos y te dicen: ¿qué sentido, qué realidad tiene esta partitura? Hombre, es parecido al compositor porque está revelándote una obra, pero tampoco es el compositor. También se parece un objeto porque es un pedazo de papel, es un montón de papel y está así intermedio. Pues, miren ustedes, yo digo sencillamente: una partitura en cuanto partitura es un ámbito, es un campo de realidad que puede relacionarse conmigo y yo con ella. ¿Un objeto puede relacionarse contigo, puede tener iniciativa para decirte algo? ¡No! ¿Esta mesa, tiene iniciativa para hablar conmigo? ¡No! La partitura, sí! Yo tomo una partitura, la pongo en el piano, me está hablando, me está invitando a que toque, me está corrigiendo – si yo toco mal, la partitura me dice: ¡No!.

Por ejemplo, pensemos otra realidad, como hay tantísimas – que, por una parte, son objetos, pero por otra parte, son ámbitos. Por ejemplo, una obra de arte. Este gran esteta francés Mikel Dufrenne -a quien conocí personalmente y es un hombre simpático- tiene una gran obra que es "Fenomenología de la Experiencia Estética", en dos tomos. En el tomo segundo, plantea este problema: ¿que rango ontológico, es decir, que tipo de realidad tiene una obra de arte, por ejemplo, la séptima sinfonía de Beethoven? Se vuelve loco. Porque empieza a decir: "hombre, la séptima sinfonía de Beethoven no es una persona – persona era Beethoven – pero tampoco es un objeto como es la mesa – porque tiene iniciativa..., la séptima sinfonía tiene vida, la séptima sinfonía la puedes asumir como propia". Porque, fijénse, yo, esta mesa, no la puedo asumir como propia, como una voz interior, está siempre fuera de mí. Pero, en cambio, la séptima sinfonía, un director de orquestra y unos músicos, la asumen como propia, la toman como el principio de su obrar musical. Esto con un objeto no se puede hacer.

Él se vuelve loco y dice: "por una parte, parece un sujeto, que tiene vida; por la otra, es un objeto en el sentido de que es distinto del sujeto, distinto de las personas." ¡Si vuelve loco! ¿Y saben ustedes como resuelve el problema? Al cabo de tiempo, dice al final: "bueno, digamos que es un quasi sujeto". ¿Ustedes han aprendido algo? Yo me he quedado como estaba. Yo pienso que, cuando hay una realidad, que es distinta de la una y de la otra, hay que inventar una palabra – una palabra que determina exactamente lo que es. Yo entonces recuerdo que al margen del libro -que era mío, personal-, pues puse: ¡pero dice sencillamente que es un ámbito y deja de ponerte loco!

¿Qué significa que sea un ámbito? Que una obra musical es como una fuente de posibilidades y tú puedes dialogar con ella, puedes asumirla como propia. Y tú entonces tienes que dialogar con ella, ella manda sobre ti, tú manda sobre ella. Mejor dicho: nadie manda sobre nadie, sino que ella te da posibilidades para crear una obra y tú le das posibilidades para que esa obra sea – es un enriquecimiento mutuo. Tenemos entonces un descubrimiento muy importante que es el de las experiencias reversibles: son experiencias que tienen doble dirección. Aquí está el sujeto, aquí está el objeto – este objeto que no es un objeto, sino ámbito. Entonces, entre uno y otro, se establece una relación reversible. Yo influyo sobre ti, tú influye sobre mí... esto es un aspecto reversible. Yo te invito a dar un paseo pelo jardín y tú me dices: sí, pero no ahora, sino después. Yo te invito, influyo sobre ti, pero tú respondes y me dices: sí, pero por aquí. Entonces estamos entre los dos, colaborando: es reversible.

Estas experiencias reversibles son importantísimas en la vida humana. Una experiencia lineal es la que va del sujeto al objeto – yo le doy un impulso al bolígrafo y el bolígrafo padece ese impulso y ahí se queda. El esquema que vertebra esta acción es el esquema acción / pasión: yo actúo-él padece. En la experiencia reversible no es así; yo actúo sobre usted, usted actúa sobre mí, son dos actuaciones libres que nos complementan a los dos. Esto nos enriquece muchísimo. Miren, cuanto más maduros estamos en la vida, menos experiencias lineales realizamos y más experiencias reversibles. Por ejemplo, un profesor, que él lo sea todo, él habla... y los alumnos no tienen más que padecer lo que él dice, sencillamente recibirlo, pero sin iniciativa, sería un profesor que vive de experiencias lineales. Pero si el profesor habla, actúa sobre los alumnos, pero ellos también reaccionan, por ejemplo, haciendo trabajos, planteando preguntas... es una experiencia reversible en la clase, eso es más maduro.

Entonces ya tenemos: primer descubrimiento (ahora en muy poco tiempo tendremos que hacer varios descubrimientos...): los ámbitos; segundo, experiencias reversibles y el tercero, el encuentro. ¿Qué es el encuentro? El encuentro no es mera vecindad. Yo puedo agarrarme a esta mesa, luego levanto las manos y ¿qué queda? No queda nada. ¿He creado algo? No. Ahora, si yo, por ejemplo, veo un piano y le toco por fuera también así, levanto la mano, no queda nada. ¿Ha habido encuentro? No. Hay vecindad, pero no hay encuentro. Yo puedo convivir con usted toda la vida y no encontrarte rigurosamente ni una sola vez, porque el encuentro no es mera proximidad. La proximidad es muy fácil: yo camino tres pasos y estamos cerca. Pero con eso no hemos creado encuentro. El encuentro es un enriquecimiento mutuo: tú eres un ámbito de vida, lleno de posibilidades, proyectos etc. Tú me los ofreces y yo te los ofrezco a ti; tú tienes voluntad de comprenderme y yo tengo voluntad de comprenderte; yo tengo voluntad de ir contigo, tú, conmigo; y creamos un campo de juego común, creamos un campo de libertad común... y eso es el encuentro.

Ahora veamos algo importantísimo: cuando hay encuentro de verdad se superan las escisiones. Si usted y yo no somos amigos, no hemos creado encuentro, yo estoy aquí y usted está ahí, fuera de mí ¿es verdad esto no? Pero si usted y yo creamos encuentro, usted ya no está fuera de mí – nuestros cuerpos, sí, pero nuestras personas, no. Yo no estoy fuera de usted, usted no está fuera de mí. Sus problemas son mis problemas, mis gozos son tus gozos, se comunican, esto es maravilloso. Cuando hay encuentro, hay una comunicación. Sería absurdo que un delantero, por ejemplo, de fútbol, cuando ve que le meten un gol a su portero, diga: "ah, esto es su problema". Esto no es mi problema, no entendería lo que es una equipo – una equipo es un encuentro justamente... cuando hay un equipo, hay encuentro. Tus problemas son mis problemas. El otro día hablando yo con un grupo de jóvenes en Madrid, les dijo: cuidado que a veces sois crueles con vuestros padres. El viernes por la noche, el sábado por la noche, os vais, no decís cuando volvéis, no decís donde estáis, vuestros padres se angustian y me dice uno de los chicos (un chico normal, bueno): "¿Qué pasa, que nuestros padres sufren, se angustian porque estamos fuera?" "Sí, mucho." "Ah, ese es su problema." Y dijo: "¿Cómo, problema de quién?" "De ellos, de mis padres." ¿Saben lo que les dije yo entonces? Dice: "Mira, perdona, si me dices esto, lo siento pero tengo que decirte una cosa muy triste... que no tienes hogar." "¡¡¿Cómo que no tengo hogar?!!", me dijo. "Sí, sí, piso, habitación tienes, pero no hogar." "¿Cómo?" "Sí, señor. Lar decían los latinos: focus, es el lugar donde arde el fuego del amor, el lugar donde hay encuentro. Tú no te has encontrado con tus padres nunca, por lo menos ahora y me dice: ‘¿Cómo que no, que los veo todos los días?’" Y le digo: "Claro que los ves todos los días pero no te encuentras con ellos."

Esto que estamos hablando son claves de interpretación de la vida, son muy importantes para entender la vida. Entonces ya tenemos el descubrimiento del encuentro, pero hay que hacer más descubrimientos. ¿Cómo se llega al encuentro? Cumpliendo ciertas exigencias.

Para crear un encuentro auténtico, un encuentro – no sólo estar cerca –, hay que ser generosos. La generosidad es importante para abrirse al otro, si soy egoísta me cierro en mí mismo. Segundo, hay que ser veraces, no mentir. Miren, si yo me abro a usted, pero le miento, usted no tiene confianza en mí, porque la confianza se gana uno cuando se ve que el otro se abre totalmente. Pero si yo me abro en parte y en parte me oculto, usted dirá: ¿Por qué se oculta? Usted ve que no hay comunicación. Siempre que uno miente, destruye la posibilidad del encuentro. La mentira destruye el encuentro. La veracidad, ser verdadero, ser sincero es condición para el encuentro. Cuarta condición: la fidelidad. Fidelidad no es mero "aguante". "Aguantar" aguantan las patas de las mesas, los muros, las columnas... están hechas para aguantar. Los seres humanos no estamos hechos para eso, mi vocación no es aguantar, la suya tampoco. ¿Saben cuál es? Ser fiel. El día de la boda, una persona promete a otra crear con ella un hogar. Ese hogar no queda hecho de una vez por todas como quedó hecha esta mesa. Hay que crearlo cada día y cada hora. ¿Ser fiel, qué significa? Crearlo. Por tanto, la fidelidad auténtica es creativa. Por eso el gran filósofo francés Gabriel Marcel tiene un libro que se llama Fidelidad creadora, muy bien, no es mero "aguante", es fidelidad creadora. No vale decir: "¿Te has cansado? Tiene dificultades? Te aguantas." ¡No! "¿Tienes dificultades? Se fiel."Lo mismo la paciencia – la paciencia no es mero "aguante", es ajuste a los ritmos naturales.

Y hay muchas más: por ejemplo, la cordialidad. Yo siempre hablo de la cordialidad – que no siempre se habla. Hay que ser tierno, cordial... eso es fundamental para el encuentro. Yo les digo siempre a los chicos: yo puedo suspender a un alumno al final del curso y hacerlo con cordialidad o sin cordialidad. Por tanto, habiendo encuentro o no habiendo encuentro. Claro, ellos me dicen: "¡Apruébeme sin cordialidad!". Pero esto no vale porque se es sin cordialidad no hay encuentro. Pero ¿qué significa, me dicen ellos, suspender con cordialidad? y digo: bueno, por ejemplo, si yo veo que un alumno, a pesar de que puso mucho interés durante el año etc., que hay una parte de la asignatura que no la sabe bien – una parte esencial que no sabe –, yo tengo que suspenderle, pero yo puedo recibirle en mi despacho. Yo siempre los recibo uno a uno, después de cada examen, para decirles a todos -el que tenga matrícula de honor como el que tenga suspenso- porque han llevado esto. Y le puedo explicar: "mira, tú hiciste un trabajo, está bien hecho; esta parte de la asignatura, la sabes, olvídala. Pero, esta materia que no la sabes, estúdiala bien para el próximo examen". Este alumno va suspendido a casa, pero hemos creado encuentro. Y esto es formativo, él va orientado.

A veces yo he visto algunos profesores que no hacen esto y ha sido terrible. Alumnos, he visto, perder la carrera entera... Por ejemplo, medicina. ¿Saben lo qué significa esto? Una carrera de ocho años y a los veinteocho años ve que no tienes nada, porque ahí les dan seis convocatorias, si pierden las seis y es la ultima asignatura de la carrera, pierdes la carrera. Bueno, he visto casos tremendos.

En cambio también al revés: un chico allí en Madrid que le faltaba una convocatoria de la ultima asignatura que le quedaba, no tenía más un examen... si perdía esto, perdía la carrera entera – arquitectura era, una carrera dificilísima -, él decía: "yo, seguro que suspendo, me pierdo la carrera", estaba angustiado. Y yo le dijo al padre: "Pero hable usted con el catedrático. Que le diga que le pasa a este hombre." "No, no porque le voy a..." Y yo le convencía: "Hable con él." Fue a ver el catedrático. Sacó el archivo y le dice: "Su hijo tiene mal la parte práctica; la parte teórica, la tiene muy bien." Y dice al catedrático el padre del alumno: "Hombre, por favor, pero si él cree que es lo contrario. Está todo el día estudiando la parte teórica y deja la práctica." Faltaba un mes para el examen. Y dijo: "Que vaya a tal sitio de Madrid que hay un militar que se llama tal, que da muy bien las clases prácticas. Que va un mes, tenga una clase particular y verá que no tiene problema". ¡Aprobó! Pero gracias a esa conversación que tuvieron. Pero ustedes creen que un profesor puede ver que un alumno sólo le queda una asignatura de toda una carrera larguísima, ya pierde cinco convocatorias y le queda sólo una y que no le llama para decirle: "Oye, tengas cuidado con esto." Si te hubiera perdido la carrera por no decirle cinco minutos... decirle lo que estaba pasando... esto no puede ser.

Hemos descubierto ya una serie de cosas: las exigencias del encuentro. Última, muy importante: para encontrarse hay que compartir valores elevados. Miren, cuando usted y yo, nos dirigimos hacia algo valioso, nos unimos entre nosotros. Para unirse lo más importante es hacer el bien en común, compartir algo. Decía Saint-Exupéry, el autor de El Principito, en su obra Tierra de Hombres: "amarse no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en una misma dirección." Y yo comento: amarse no es tanto mirarse el uno al otro – por la complacencia que puede tener para uno, mirar una persona amada – sino consagrarse juntos a algo valioso. Cuando una persona y otra realizan en común algo valioso, esto las une muchísimo. Y ustedes lo pueden ver, por ejemplo, en un coro, un coro que está cantando el Oratorio de Navidad de Johann Sebastian Bach. Yo tengo un video en casa y se los pongo a los alumnos... una maravilla: ver 150 niños cantando y están todos unidísimos entre sí, no se miran el uno al otro, miran al director que es el que encarna la obra, pero crean una armonía fantástica entre ellos. Y yo los digo a mis alumnos: ¿están unidos? Muchísimo, me contestan. ¿Y por qué están unidos? Porque está cada uno mirando hacía algo muy valioso que es el Oratorio de Navidad de Johann Sebastian Bach. Para encontrarse hay que mirar hacia algo valioso.

Bien, estas exigencias del encuentro ¿saben como se llaman? Virtudes. ¿Qué son las virtudes? Para los latinos, virtudes eran capacidades – virtus, capacidad. ¿Capacidades de qué? De crear encuentros, de crear formas elevadas de vida. Miren que bonito es esto: si yo asumo el valor de la generosidad, asumo el valor de la fidelidad como propio, si yo estoy realizando en mi vida el valor de la cordialidad, convierto estos valores en virtudes, yo estoy desarrollando mi manera de ser, de una manera virtuosa. ¿Qué quiere decir esto? Una manera que facilita el encuentro. Yo me comporto para con usted, respeto a usted, de manera generosa, fiel, cordial etc., y usted conmigo... es muy fácil crear encuentro.

Miren, esa segunda naturaleza, esa manera de ser que yo voy creando al comportarme así se denomina, en griego, éthos (con eta). Esta palabra fue traducida al latín por la palabra mos y esta correspondía a la palabra griega êthos, con acento circunflejo, esta sí significaba costumbre. Éthos significa la segunda naturaleza, esa manera de ser que uno adquiere a traves de ciertos actos y de ciertos hábitos. Esto es lo que estudia la ética. Mos, moris, en latín, significa costumbre y de ahí viene la palabra moral – moral es el estudio de las costumbres. Ética es el estudio del éthos, es decir, esa segunda naturaleza.

Hemos descubierto -por dentro- lo que son las virtudes, ah, pero también lo que son los vicios. ¿Qué son los vicios? Lo contrario: no la generosidad, sino el egoísmo; no la cordialidad, sino la hosquedad, la dureza; no la fidelidad, sino la infidelidad. ¿Qué son los vicios? Maneras de comportarse que encarnan antivalores. ¿Por qué antivalores? Porque no fomentan el encuentro; lo destruyen. ¿Entonces, qué son los valores? Todo aquello que permite el encuentro. ¿Qué son las virtudes? Las actitudes humanas que encarnan esos valores. Valores y virtudes: es muy parecido pero un poco distintos.

Ahora tenemos que descubrir lo más importante que dije al principio: el ideal. Porque se nos viene diciendo desde el año 1918, hay que cambiar el ideal, pero si yo sólo digo a los jóvenes, pero ellos no descubren lo que es el ideal, no estoy educando esos jóvenes. Lo que les digo es verdadero: tenéis que cambiar, yo tengo que cambiar el ideal. Pero ellos tienen que comprender por dentro lo que es el ideal ¿no es verdad?

Lo vamos a descubrir ahora. Cuando nosotros vivimos el encuentro, vivimos los frutos del encuentro. Si usted se encuentra de verdad conmigo o con quien sea, usted verá que experimenta primero: energía. El encuentro es fuente de energía. Cuenta, por ejemplo, Rubinstein, el gran pianista, que un día, por la tarde, se levantó de la siesta, cansado y le dijo a la mujer: avisa a la sala de conciertos que no hay concierto. Ella le llevó a empujones a la sala de concierto: ¿cómo que no hay concierto? Y él dice: yo iba preocupado porque estaba muy cansado y cuando llego a la sala y veo el piano con la consola abierta, veo el teclado, ya me empezaran a venir las ganas. En cuanto meti los dedos en el teclado, me vino una potencia, y estuvo tres horas tocando... Él lo dice en las memorias y no explica por qué. Y yo me pregunté: ¿por qué? Por el encuentro. Él se encuentra con el publico, se encuentra con el piano, se encuentra con la partitura, se encuentra con la obra, con el autor de la obra... El encuentro le da energía y esto pasa constantemente -en un nivel pequeñísimo si ustedes quieren- yo, a veces, me encuentro muy cansado en estos viajes, cambios de clima y, a veces, llega la hora de la conferencia y digo: ¡Dios mío, si yo no puedo hablar! Pero cuando llego allí, me encuentro con la gente y empiezo a hablar, después ya no hay quien me pare... Lo vemos todos en la vida: el encuentro es fuente de energía. Hay personas que viven en una familia con dificultades, penuria económica, enfermedades y tal, si hay encuentro, hay fuerza, hay fuerza para vivir.

Segundo, el encuentro da alegría. Porque la alegría surge cuando uno tiene conciencia de estarse desarrollando como persona. Hay encuentro, nos dice la biología, cuando vivimos como personas, nos perfeccionamos, creando encuentro. Entonces cuando te encuentras sientes alegría. ¡Claro! Porque ves que te estás desarrollando. A ustedes cuando les aprueban una asignatura ¿se alegran o se entristecen? Se alegran. ¿Por qué? Porque ustedes están queriendo crecer como personas, tener un título, ser unos profesionales y aprobar una asignatura es un paso para eso. Entonces se le aprueban siente alegría; le suspenden – cosa que yo no quiero – siente tristeza ¿no es verdad?

Entonces, el encuentro da energía, alegría y todavía más, entusiasmo. El entusiasmo es una maravilla, es una palabra preciosa. Viene del griego como ustedes saben y significa estar como que inmerso, metido, sumergido en lo divino. Pero lo divino para los griegos era lo perfecto, lo perfecto en bondad, justicia, belleza. Entonces si yo me encuentro, por ejemplo, con un coral de Bach, que es una perfección absoluta, yo me entusiasmo y ustedes también. Y lo mismo con una persona que tiene fuerza, que tiene altura espiritual... tú te encuentras con ella, tú te entusiasmas.

Y el encuentro te da no sólo entusiasmo sino felicidad, porque te da plenitud. Cuando nos encontramos de verdad – sobre todo si aquello con quien nos encontramos es muy elevado, muy valioso – nos sentimos colmados, llenos. Y esa plenitud da felicidad. ¿Y la felicidad se manifiesta en qué? Paz interior, reposo interior, amparo y júbilo festivo, alegría festiva. Siempre que hay encuentro, hay fiesta. Todas las fiestas vienen siempre de un encuentro: fiestas religiosas, fiestas profanas, fiestas individuales. Miren, cuando vivimos los frutos del encuentro, vemos que no hay nada más grande en la vida, no hay valor más grande, que el encuentro. Vemos que el encuentro es la clave... Entonces cuando descubrimos el valor más alto, decimos: ese es para mí todo en la vida. No hay nada como eso – eso es mi meta, eso es mi ideal.

Hemos descubierto lo que es el ideal. Ahora tiene sentido decir a una persona: hay que cambiar el ideal. ¿Qué quiere decir "cambiar"? Que, para mí, lo máximo en la vida puede ser pasarlo bien, tener cuantas más sensaciones placenteras, mejor, pasarlo bien. Entonces, ese es un ideal; pero es, a mi modo de ver, un ideal falso. ¿Por qué? Porque lo agradable es un valor, pero no es el más grande. Por ejemplo, ¿la salud es más grande que el agrado de un alimento? ¿Es más alto o no? ¿Es más importante? Creo que sí. Si a mí un alimento me gusta mucho pero me hace daño a la salud, me la estropea, seré un loco si lo tomo, porque la salud está más arriba. Pero la salud no es tampoco lo más alto, el valor más grande... porque a veces la salud hay que quebrantarla un poquito, hay que dejarla un poquito de lado para, por ejemplo, cuidar a un enfermo. Entonces, hay una escala de valores. Descubrir esa escala de valores es fundamental en la vida – es una de las tareas básicas de la formación –, pero esa escala de valores tiene que irla descubriendo el niño y el joven – ayudado por la persona grande, la persona mayor, pero tienen que irla descubriendo. ¿Saben ustedes hoy una de las calamidades, de las desgracias mayores del mundo actual, a mi modo de ver? Es que hoy se está subvirtiendo esa escala de valores, se está invirtiendo, eso que suele llamarse subversión de valores: se considera lo agradable como el valor más alto y los valores más altos, que son servir a los demás, se están considerando como lo más bajo. Esto es terrible. Por eso yo escribí una obra hace poco que se llama La revolución oculta. ¿Por qué? Porque hoy se está alterando la escala, la jerarquía de valores, pero de manera oculta, a través de la manipulación del lenguaje. Y es una revolución que te mina la sociedad – es como esos insectos que minan la madera y cuando te das cuenta está toda hueca. Entonces la sociedad actual se puede carcomer por dentro, se puede destruir, de tal manera que queda vacía por esa revolución que altera la escala de valores. A muchas personas les dices: ¿por que has hecho eso? Y te dicen: porque me gustaba. Ninguna razón. ¿Qué quiere decir? Que lo agradable es para ellos el valor supremo. Figúrense las consecuencias que eso tiene para ética. Hoy hay muchos divorcios como ustedes saben, muchas separaciones. Y hay personas que dicen: tenía toda razón, porque lo pasa mejor con esa persona que con su mujer anterior o viceversa. Y dicen: tiene derecho ser feliz. Digo: bueno, vamos despacio. Todos tenemos derecho a ser felices, pero vamos a ver un poco: que la felicidad de pasarlo bien, no es tampoco la felicidad. Puede serlo, pero muchas veces no. "Ah, pero yo puedo intentar pasarlo bien a costa de hacer sufrir a otra persona, por ejemplo." Eso es egoísmo; si hay egoísmo, no hay encuentro. Si no hay encuentro, yo me bloqueo como persona, no me desarrollo. No es tan fácil esto. Entonces habrá que estudiar esto muy detenidamente, si se altera la escala de valores, estamos perdidos. La sociedad no puede ir adelante.

El gran pedagogo, Josef Kentennich, un alemán, decía en una ocasión: "no conozco ningún problema serio de un joven que no se resuelva cuando el joven descubre el auténtico ideal. No conozco ningún problema serio que no se resuelva cuando uno descubre el auténtico ideal". Y es verdad esto.

Ahora bien, apliquemos esto a la ley nueva de educación. Ustedes saben que en España se ha publicado una nueva ley de educación, ahora también en Brasil, en Argentina etc. ¿Qué es lo que quiere la ley? Que se eduque a los niños y jóvenes para que sean personas integrales; que crezcan como hay que crecer; que tengan el verdadero ideal, que no se confundan; que sepan pensar por su cuenta, que no se dejen engañar. Hoy hay en todo el mundo una terrible manipulación. Yo que viajo bastante me lo dicen mis amigos en todas partes: se manipulan los medios de comunicación y todo... ¿Qué significa la manipulación? Tratar a las personas como si fueran objetos, dominarlas, y eso envilece, eso reabaja. Lo que quieren los manipuladores es dominarnos para que hagamos lo que ellos quieren. Entonces, un niño, un joven tiene que conocer la manipulación para ser libre interiormente, no dejarse manipular. Todo eso que dice la ley es una maravilla... Ahora bien, el medio para conseguirlo es lo difícil. ¿Qué es lo que dicen nuestra ley y creo que la de ustedes también, la argentina también etc.? Es que cada profesor tiene que ser un orientador, no sólo informar, sino formar. Y esto está muy bien. Pero ahora dice la ley: ¿y como conseguir esto? Y dice: bueno, los profesores tienen que hablar en clase -sobre todo en la enseñanza media- tienen que aprovechar algunos momentos de la clase para hablar de una serie de valores, por ejemplo, la salud, el amor, la tolerancia, la educación vial etc. Y hablar de cuando en cuando. Este camino está causando muchas dificultades. ¿Por qué? Porque es muy difícil encontrar un momento, por ejemplo, en física para ponerse a hablar del amor, de la tolerancia etc. Segundo, los profesores se quejan y dicen: "yo soy profesional, por ejemplo, de la música, no me haga usted a hablar de axiología, es decir, de los valores; no es lo mío." Tiene razón. Tercero, de esta manera es muy peligroso para la formación de los jóvenes, formación como personas. Porque esta formación requiere una articulación muy buena, es decir no se puede un día hablar de una cosa, otro día, de otra, otro día, otra... ¡No! Tú puedes acabar sabiendo temas, pero tu mente, tu espíritu no queda bien articulado y aquí se necesita una labor de articulación. Entonces yo he visto este camino que se está llevando no es el auténtico y escribí un libro sobre esto (Cómo lograr una formación integral - N.del Ed.), que ahora se está traduciendo al portugués. Costó mucho porque realmente había que descubrir como llevar a cabo esto. Y les digo rápidamente lo que conseguí. Yo pienso que los profesores no deben salir de su asignatura pues cada uno quiere hablar de aquello que sabe. Pero hay que descubrir como cada asignatura puede contribuir a que el crecimiento de los niños y de los jóvenes sea perfecto. Entonces yo he pensado: ¿en qué consiste el proceso de crecimiento? Un poco lo que dije antes, como se va descubriendo el encuentro, el ideal, los valores... ¿Qué conceptos han surgido? Ámbito, experiencia reversible, encuentro, valores, virtudes, ideal – todos estos conceptos no los impongo yo, como el ministerio impone nueve valores que llaman transversales; impone él que sabe de esto, yo no lo impongo sino que es el mismo proceso de crecimiento el que está, por así decir, como vertebrado por esos conceptos. Pero esos conceptos que yo he dicho antes se condensan en uno, que son las interrelaciones. El encuentro es relación, los valores son relación, las virtudes... todo es relación. Y el ideal, lo mismo. Entonces mi pregunta es esta: ¿en qué pueden colaborar cada una de las materias aquel alumno descubra la importancia de las relaciones, se asombre ante la importancia de las relaciones y las amen, las quieran? Si hace esto, si cada profesor consigue esto, está poniendo las bases firmes de la formación de los alumnos, formación humana, sin hablar nunca de valores ni hablar de virtudes. Un matemático ¿qué enseña? Enseña a operar con estructuras, ecuaciones etc. Las estructuras son relaciones. El matemático no sólo debe enseñar a operar sino también enseñar a descubrir el poderío, el poder, la fuerza que tienen las relaciones, las estructuras matemáticas y la belleza. No hay nada más bello que una estructura matemática, una ecuación con la cual Kepler, por ejemplo, podría determinar el movimiento de los astros. Fijénse ¡que poder! Pero al mismo tiempo, que armonía tiene, que belleza. Uno que estudia matemáticas desta manera sale de la clase diciendo: ¡es una maravilla la relación! Y va a la física, sobre todo la microfísica, y ve lo mismo porque lo último de la materia no son pequeños trozos de materia, son energías estructuradas, es decir, interrelacionadas. Y sale uno diciendo: pero, oye, eso de la relación está en lo último de la realidad. Pero va a las ciencias físicas y ves, por ejemplo, la polinización de las plantas, como las plantas necesitan unas de otras, hay palmeras macho, palmeras hembra, y viene el viento y los insectos que fecundan... todo es interrelación. Pero llegas a la música, la música es toda relación. Mientras tú no pones unos sonidos en relación con otros, no hay música. Una tonalidad ¿qué es? Relación entre tonos, semitonos etc. Todo en la música es armonía. Y vas al secreto y descubres la armonía. El Partenón es viejo, sí, porque es armónico ¿qué significa la armonía? Proporción: unas partes están en relación con otras. La columna dórica tiene 16 veces el radio de la base, no 15 ni 16,5 – todo en proporción. Y la Venus de Milo está toda conforme, toda dividida en proporción conforme... se ha estudiado: la más pequeña parte de la Venus de Milo está en relación con todas las demás... de ahí viene la belleza, la elegancia. Y uno dice: ¿pero qué es eso de la relación? El niño y el joven van de sorpresa en sorpresa, siempre viendo la relación, la interrelación... es una maravilla, en todo el universo. Bueno, cuando llegue a la clase de ética, que es decisiva, ya lo puede entender...

Cuando las normas son fecundas no se oponen –como creen millones de jóvenes– se complementan. Una joven me decía hace poco en Madrid – así maternalmente: "Profesor, no se moleste, estar dandole vueltas a esas cosas! Mire, en la vida, hay que escoger: yo, o soy libre o acepto normas. Como por ley de vida, tengo que ser libre, las normas las dejo de lado". Y era una chica muy fina, no creo que era una revolucionaria, loca... no, no! Era una chica muy finita, muy bien arregladita... Me dice: hay que escoger.

Bueno, pues miren ustedes: esta persona, esta joven creía que la relación, el esquema: libertad-normas es un dilema: hay que escoger. Cuando un joven crea esto no tendrá madurez nunca... Yo, no podía haberme desarrollado como persona si hubiera creído que libertad y normas se oponen; que autonomía y heteronomía, aceptar leyes propias o aceptar leyes ajenas ¿se oponen...? No se oponen – cuando hay creatividad. ¿Por qué? Porque yo asumo la ley que me viene dada como propia, cuando yo veo que es una ley que me perfecciona y lo asumo como algo propio. Al principio es externa, extraña, ajena y distinta de mí. Luego la convierto en íntima. Miren, cuando un joven se da cuenta de que una realidad, por ejemplo, una norma, al principio es distinta de él, distante, externa, extraña, ajena, pero que puede llegar a ser íntima sin dejar de ser distinta, ese joven tiene ya un porvenir por delante; está formado. Miren, que importante es esto: algo distinto y, al principio, distante, externo, extraño, se convierte en íntimo.

Bueno, ustedes saben la experiencia que os voy a decir: aprendan de memoria un poema o una canción – por pequeña que sea. Y ustedes luego, a solas, de noche, con la luz apagada, cuando nadie les oiga, ustedes repitan el poema, de manera creativa. No lo hagan mecánicamente, sino creativamente, procurando vivir el poema, volver a crear el poema como se fuera la primera vez que se cría. Antes de cinco minutos, ustedes harán esta experiencia que es maravillosa. El poema, cuando ustedes no lo conocían, que era distinto, distante, externo, extraño, ajeno, luego en cuanto lo aprenden y lo repitan de esta manera, el poema deja de ser distante, externo, extraño, ajeno, y se convierte en íntimo a ustedes, sin dejar de ser distinto. Esto mismito ocurre con las normas. Fijénse, se resuelve el gran problema de la ética. Ah, pero cuando un profesor diga esto y diga: "¿qué son las normas?", son principios que regulan nuestra vida, que la ordenan, que la interrelaciona. ¿Por qué? Mi vida la regula respeto a la relación con los demás, respeto a la relación con la naturaleza, respeto a la relación con las obras de arte etc. la regulan, estructuran la relación. Un alumno que haya estudiado matemáticas, física, arte griega – vital como dije antes – saben lo que dirá cuando el profesor diga esto? "Mira, pues claro!" Pero ¿Y como iba ser de otra manera? Si todo el universo está interrelacionado, si la relación es el fundamento de la vida (vida animal, vida vegetal, el fundamento de la vida inanimada), si es así, ¿cómo no va a ser cuando lleguemos a la vida humana? Ah, pero ahí hay una diferencia abismal: que el hombre tiene que vivir la relación, tiene que vivir en relación pero creando él esa relación – ese gran privilegio frente al animal, frente al vegetal. Miren, las flores viven unidas ecológicamente al universo; el astro vive, al recorrer su órbita, unido a todo el universo – pero no lo saben, ni lo quieren. Quien lo sabe y lo quiere es el hombre. Por eso cuando, por ejemplo, dos personas se casan y la joven lleva unas flores en la mano ¿por qué lleva esas flores tan bonitas? Porque son bonitas, sí, pero hay una razón más profunda: porque esas flores -vamos a decir en términos de la cultura occidental bien conocida-, esas flores, podríamos decir, dan gloria al universo, manteniéndose en unión con el universo -ecológico- y lo mismo el que sea creyente dirá: al Creador, ¿verdad? Pero no lo saben: las flores dan gloria a Dios, pero no lo saben. Igual que el astro al recorrer la órbita... y los cirios que están ardiendo en el templo, por ejemplo, cuando la ceremonia de las bodas... lo mismo. Por lo tanto la novia que lleva las flores y el novio que va con ella, van a ser, al crear la unidad de la boda, van a ser portavoces del universo entero: le dan voz a todas cosas, voz a las flores, voz a los astros. Y porque son ellos que saben que crear una unidad es una meta no sólo del hombre, sino del universo entero. Por eso podríamos decir que el universo viene desde la creación como dando un giro, es un giro que culmina la unidad. Cuando uno crea unidad podríamos decir que está en la misma orientación del universo, está como colaborando con el universo y su perfección. Cuando uno rompe la unidad, podríamos decir que va contra la dirección del universo, va contra todo del universo.

Entonces, con eso terminaría yo diciendo: ¿qué conseguimos con este método? Primero, que los profesores se sientan a gusto, están explicando lo que saben. Segundo, están dignificando cada área, cada asignatura, porque hay matemáticos que saben muchísimas matemáticas, como un catedrático de la Universidad de Madrid, que me dijo: "yo, como matemático, no puedo hacer nada por la formación personal de los niños, sólo enseñarles matemáticas, que no tiene nada que ver con eso. Yo únicamente dando buen ejemplo, llegando pronto a clase, siendo amable". Yo le contesté: "Mira, tú sabes muchas matemáticas pero en esto estás equivocado. La matemática de por sí puede contribuir mucho a la formación porque nos abre a la maravilla de las relaciones". Ustedes saben qué significa, por ejemplo, que un matemático elabora un instrumento, aparte del mundo, elabora una matemática y con ese lenguaje puede usted profundizar hasta lo más profundo en lo que es la realidad. Fijénse que relación más enigmática hay entre la mente del hombre y la realidad. Es algo fantástico, que tiene que ayudarnos a comprender que el mundo está bien hecho, que el mundo está bien ordenado. Bueno, la física lo mismo. Decía Heisenberg, una vez en Madrid en una mesa redonda: Kepler, que era creyente, él, a pesar de que su vida fue muy dura siguió investigando, ¿investigando qué?, las leyes de la naturaleza, porque su fe religiosa le decía: el mundo fue criado por Alguien que lo crió con orden – por lo tanto, bien hecho– y yo tengo, aunque me cueste mucho, que ir buscando esas leyes. Y si no estuviera seguro de que existan las leyes, no iba pasar la vida buscándolas, siendo tan difícil. Bien, entonces, la matemática, la física... es fantástico lo que te puede decir. Max Planck, el fundador de la física quántica, que no era propiamente un cristiano no sentido este riguroso, pero él decía: "si yo, como físico y todos los físicos, no tuviéramos fe en que hay un Creador que creó el mundo con orden, ¿íbamos a tener paciencia y fuerza y energía para buscar toda la vida ecuaciones, a buscar la unidad del universo, buscar las interrelaciones...?" No lo harían! Entonces, darse cuenta de esto te da una luz, sobre el universo, fantástica.

Y lo mismo la música. Dicen mis amigos músicos: que lástima, llevamos cuarenta años enseñando música y no teníamos ni idea de que la música tenía tanto poder formativo y me dicen que sólo hacer música, oír música ya te estás formando – porque estás viviendo en un mundo de relaciones. Entonces, tú te das cuenta si en la música las relaciones son tan grandiosas, que no será en la vida social? Si yo consiguiera en mi familia, y en mi entorno, en mi colegio crear la misma armonía que Mozart, Brahms, Bach creaban en la música... esto sería un paraíso! Bueno, pues eso es formativo.

Muy bien, queridos amigos, todo eso lo podrán ver se quieren después cuando tengan el libro. Yo lamentablemente tengo que me marchar al aeropuerto y lo siento porque me quedaría conversando más con ustedes, pero tengo que ir porque el tráfico es tremendo. Solamente le quiero desearles todo lo mejor, no se dejen amargar la primavera con los exámenes, no se dejen matar por los exámenes y que Dios vos bendiga. Muchas gracias a vosotros.